LONDRES ( Corriere della Sera ).- "No puedo vivir sin vos", dijo Eric. "¿Estás loco? Yo estoy casada con George", respondió Pattie, la chica de piernas largas, senos magníficos y nariz pequeña levemente apuntada hacia arriba. "En ese momento -cuenta ella-, Eric sacó un paquete del bolsillo y me lo mostró. Y me dijo que si no me escapaba con él entonces iba a meterse todo lo que tenía en la mano." "¿Y eso qué es?" "Heroína." "Por favor, no hagas estupideces." "No hay vuelta atrás, todo está terminado."
Tras el rechazo, el enamorado se marchó. "Y no volví a ver a Eric en los tres años siguientes. Cumplió con todo lo que había amenazado, se convirtió en un esclavo de la heroína. Pero no lo culpo: en ese momento él y todos nosotros no nos privábamos de nada: cocaína, marihuana, estimulantes, tranquilizantes", relata Pattie Boyd en Wonderful Today , el libro de memorias con su firma, que acaba de ser editado en esta capital.
Bellísima en su juventud, hoy sexagenaria, Pattie recuerda en el libro el triángulo que protagonizó junto con su amante Eric Clapton, que le dedicó una de sus más famosas composiciones ("Layla"), y su esposo George Harrison, el beatle, que también escribió especialmente para ella un tema no menos reconocido: "Something", del que se hicieron 150 versiones en los últimos 40 años y que, según Frank Sinatra, es la canción de amor más bella de todos los tiempos.
Sin embargo, "Layla" y "Something" parecen poco si se las compara con algunas conmovedoras cartas de Clapton, que emergen del pasado en el libro: "Querida Layla, ¿por qué aún no tomaste una decisión? ¿Es porque no soy hermoso como vos? ¿Porque soy un pobre amante o alguien demasiado débil? Si estás dispuesta a quererme, ya soy tuyo". Harrison tampoco ahorraba romanticismo. "George siempre me cantaba «Something» en la cocina", recuerda Pattie. Pero, inmediatamente después, se hacía el disimulado, salía de la cocina y se iba a la cama con Maureen, la mujer de Ringo Starr; con Krissie, la esposa de Ron Wood, y tantas otras.
"George -escribe Pattie- estaba fascinado con el dios hindú Krishna, a quien se ve en las imágenes siempre rodeado de jóvenes mujeres en actitud de servicio hacia él. Cuando volvió de la India, me dijo que quería ser una especie de Krishna, un ser espiritual que compartía su vida con varias concubinas."
¿Y quiénes eran los amigos que rodeaban a la hermosa Pattie, a Eric y a George en aquellos tiempos tan intensos? Un verdadero desfile de estrellas, grandes en la inspiración y también en la alucinación: Paul, Ringo, John, Brian Epstein, Keith Richards, Joe Cocker, Jimmy Page, los monjes verdaderos o presuntos que rendían devoción hacia Krishna y hasta el doctor John Riley, el dentista personal de George que le servía café con LSD al ex beatle.
Y en la lista no hay que olvidar a Margaret, la simpática encargada de la limpieza que cada vez que John llegaba de visita a la casa de George lo recibía siempre con la misma pregunta: "¿No le sobra una de esas encantadoras pastillas que siempre trae con usted?". Según Pattie, después de ese diálogo Margaret siempre limpiaba la casa a la velocidad de un misil, como una poseída.
La vieja fórmula
En suma: sexo, droga y rock and roll, mezclados de acuerdo con la vieja fórmula aplicada por una generación entera entre los años sesenta y setenta. En 1966, Pattie tenía 21 años y se casó con George, un año mayor. Cuatro años después, en 1970, oyó por primera vez a Eric, el mejor amigo de George, mientras le cantaba "Layla" mirándola fijamente a los ojos. En el último acorde, él cayó directamente entre los brazos de ella. "Quería llevarme hacia una dirección a la que no estaba dispuesto a acompañarlo. Pero cuando me di cuenta de que yo había sido la inspiración de semejante muestra de pasión y creatividad, la canción pudo más que cualquier otra cosa. No pude resistir ni un minuto más", confesó la groupie.
Poco después, en medio de una fiesta, George sorprendió in fraganti a los dos tortolitos. "Estábamos en medio de una multitud de invitados, la mayoría de ellos completamente drogados", señala Pattie en el libro. "¡Eh!, ¿Qué pasa con ustedes? ¿Qué están haciendo?", interrogó George. "Amigo, lo que pasa es que yo amo a tu esposa y ella me ama a mí", respondió Eric, tajante.
Ese fue apenas el comienzo de la historia. Luego, llegaron años enteros de tira y afloje, de encuentros clandestinos en casas de campo y esnifadas oficiales en casa, de triángulos amorosos y musicales. Como aquella noche en la que Eric y George se desafiaron mutuamente, cada uno con su respectiva guitarra entre las manos, en una competencia de improvisación musical delante de la amada de ambos. "Parecían dos caballeros de la Edad Media batiéndose a duelo y según mi sensación ganó Eric", dice Pattie.
"George tenía depresiones con mucha frecuencia. Tomaba mucha cocaína y pienso que eso le cambió la personalidad", observa Pattie. Clapton, en cambio, parecía superar la adicción a su heroína predilecta (del tipo "elefante blanco"), pero comenzó a hundirse en otra dependencia: la del vodka. La mansión de estilo gótico-victoriano de Friar Park, con sus 25 habitaciones en las que todos se entrecruzaban era, según Pattie, poco menos que "un manicomio en el que todos estábamos permanentemente drogados y borrachos".
El fin de la historia, o al menos de las memorias de Pattie, se registra en 1974, cuando George le confiesa a Ringo, que está enamorado de su esposa ("Nada es real, nada es real", canturrea Ringo como única respuesta) y Pattie, inmediatamente, deja de hacerse todo el tiempo la misma pregunta: "¿Me voy con Eric, que me escribió la canción más hermosa de todas y por mí viajó al infierno y volvió de él después de tres años?".
Finalmente se decidió, dejó Inglaterra y viajó a los Estados Unidos, al encuenatro de su amante. "Reencontrarme con Eric significó sólo una cosa: tomar, tomar y tomar." El resto fue rock, entonces y siempre.
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