-Géneros: Drama (ONE SHOOT)
-Advertencias: No menores de 13 años (Es otro de los archivos recuperados de mi ordenador

–¡Oh, por el amor de Dios, Paul! Estoy harta! Ya me cansé! Estoy yendo hacia esa maldita puerta y nunca más volverás a verme.
–¿Qué hay de tus cosas? ¿Qué hay de tu ropa, y de tus fotos y…
Ella levantó la mano para evitar que el bajista la tocara.
–No quiero las cosas, no quiero la ropa que me compraste, no quiero nuestras fotos ¡no quiero nada de ti!
Ella estaba chillando y gritando mientras Paul se hundía lentamente en una silla del cuarto. Cada palabra lo golpeaba como si fuera una ola rompiendo contra la playa, tan pronto lo dijo, todo había terminado, él ya no sentía nada.
–¿Qué esperas de mí? ¿Que camine alrededor tuyo con palomas alrededor de mí y corra por NUESTRA casa diciendo: “Bueno, todo está perfecto Paul” y actúe como si no hubiera recibido un puñal en mi corazón?
–¡Pero te juro que no volverá a ser lo mismo Jane, te juro que no volveré a hacerlo!
La expresión de Paul no cambió, se quedó mirando al suelo. Enfrentándose a lo que había hecho, estaba en shock. La pelirroja sostenía un pequeño maletín, no quería llevarse otra cosa que no fuera ese maletín.
–No habrá una próxima vez –dijo ella en voz baja en dirección a la puerta.
–¡Oh, vamos Jane! ¡No es como si estuviéramos casados!
Ella irrumpió de nuevo hacia él lanzando su anillo de compromiso silenciosamente girando sobre sus talones y yendo hacia la puerta.
Paul sintió que tenía que actuar rápido, no quería perderla… ¡no debía perderla! Se levantó de la silla y corrió tras ella. Ella estaba afuera, en la calle. La lluvia estaba cayendo, dura y pesada… el Apple Scruffs aún seguía en pie, manteniendo sus posiciones, preguntándose qué demonios estaba pasando, sin duda.
–¡Jane, Jane! –gritó Paul abriéndose paso y empujando a toda la multitud, siguiendo aquella cabellera roja y la larga capa amarilla a través de la húmeda y triste noche.
–¡Espera! ¡Déjame explicarte!
Ella giró nuevamente, esta vez su mirada parecía tan fría… como si pudiera matar a alguien.
–¿Qué, Paul? ¿Explicar qué? ¿Qué ella se la pasó encima de ti una y otra vez?
La lluvia aumentaba cada vez más y su maquillaje se le corría por el rostro.
–Eres lo mejor que me ha pasado, y quiero que te quedes –dijo Paul sin pensarlo dos veces, haciendo su mejor esfuerzo para que las lágrimas no salgan de sus ojos. Con la multitud alrededor de ellos, pero ellos no podían oír una sola palabra.
–No puedo Paul, simplemente no puedo…
–Vamos adentro, hablaremos de esto.
–¿Qué queda por decir? Nada va a cambiar… –la voz de la pelirroja se quebró al pronunciar esas palabras.
Paul buscó las palabras pero no las encontró, estaba tratando de decir algo, pero nada parecía encajar. Quería decir que la amaba, quería decir que era un tonto, que la amaba como nunca antes había amado a nadie, hubiera reparado su alma…
–Te amo Paul, pero…
–Nada de peros, nosotros podemos solucionarlo, Jane… ¡sé que podemos!
–Pero a veces el amor no es suficiente… no hay confianza, y no creo que alguna vez haya habido.
Tenía el cabello enmarañado y sus labios habían cambiado a un color azul… las manos de Paul temblaban, pero no por el frío… él nunca era bueno cuando estaba sin ella… es por eso que la necesitaba. Sabía más que nadie que sería un desastre sin ella. El bajista sollozó sin poder contenerse, uno tras otro, sin poder parar.
–Te necesito y no puedo vivir sin ti. Si me dejas, no seré capaz de seguir –balbuceó viendo la expresión de sorpresa en el rostro de la chica, sabía que era una mala idea.
El silencio era mortal, un auto corría y salpicó por los charcos de lluvia, pero ninguno de ellos se movió.
La multitud se quedó allí, observando como una relación, tal vez la mejor relación que pudo tener se rompía en sus propios ojos.
–¿Dónde irás? –preguntó él.
–Iba a ir a casa de mis padres.
–¿Ibas a caminar en este clima?
–Sí.
–Tan sólo entremos para llamar a un taxi… sólo eso… por favor…
Ella asintió con la cabeza. Ellos retrocedieron hacia la puerta, ninguno de los dos mirándose a los ojos, ni mirando a la multitud. Entraron a casa sin decir algo, porque ninguno de los dos sabía qué decir…