Muchisímas gracias por postear

Loki. de verdad gracias por tu comentario.
Yo también me los imagino así... bueno creo que eso es obvio

hahaha
Para ti: capiítulo 3!!
Capítulo 3. Dedicado a Loki Laufeyson, primer lector reconocido de estos post
Capítulo 3.
Con la mañana llegó la confusión. Tres Beatles estaba vestidos y listos para dejar el hotel en dos horas para el ensayo, y más tarde para el show matiné que iban a dar. Brian estaba despotricando contra John y su imposibilidad de ser encontrado. Les preguntaba molesto, gritándoles como si ellos hubieran escondido a John, pero los tres estaban desconcertados sobre el paradero de su guitarrista rítmico, y se preguntaban también dónde podría estar.
-¡Lo quiero aquí Ya! ¿Me doy a entender? ¡Esto es muy importante!-les gritó.-¿Dónde demonios está?- gritó, desquiciado, ahora dirigiéndose a los dos hombres que se suponía debían cuidar de los chicos y encargarse de todas esas cosas cuando él no estaba. Los había recontratado, para re despedirlos luego de haberlos despedido, pero no podía realmente correr a Neil, Mal o George Martin, y eso lo sabía, así que a ellos sólo los fulminaba con la mirada.-Encuentren a ese delincuente juvenil, antes de que decida despedirlos a ustedes también.-fanfarroneó.-Y ustedes tres-dijo señalando a Paul, George y Ringo que demudaron su rostro a uno de susto con el tono de Brian.- ayúdenlos. Sé que ustedes saben dónde está… ¡¡siempre conspira contra mí con su ayuda!!- Ringo había comenzado a negar violentamente, pero Brian no le hizo caso y salió de la habitación con un portazo que hizo cimbrar la pared. Todos se miraron entre sí, nerviosos, luego al pasar un segundo de silencio se encogieron de hombros y estallaron en carcajadas, sabiendo que Brian no podía, ni despedir a esos tres hombres, ni hacer nada contra Paul, George o Ringo, y mucho menos, ganarle una a John.
-Demonios, a Eppy se le zafó un tornillo.- se quejó George mientras tomaba su chamarra para salir con los otros en busca de John.
-No puede despedirnos a nosotros, y menos a ustedes tres, pero apuesto a que puede resultar una molestia en el trasero si lo desea.- se quejó Mal.-Busquemos a Lennon en este piso, y después bajaremos o algo…-
-No que no pueda despedirnos. Pero sabemos que él sólo no podría ni con un pandero… además no íbamos a permitir que despidiera a ninguno de ustedes aunque quisiera.-respondió Ringo, sonriéndole a los tres escoltas.
-Ya saben cómo se pone cuando se enoja. John diría que es su lado femenino.- se rió George.
-Mejor encontremos rápido a John para que él mismo diga todo eso por sí mismo ¿sí?- ofreció un irritado Paul.-Yo iré por acá.-Todos lo vieron, estresado y con el agraciado rostro fruncido. Para ellos, la mente de Paul estaba maquinando contra John y su libertinaje y el hecho de tener que hacer trabajo extra por el guitarrista.
-Yo voy contigo, Paul.-se ofreció Mal, cuando Paul comenzaba a alejarse por el corredor. Todas las habitaciones de ese piso habían sido pedidas por Brian, siempre se hacía así, por razones de seguridad para los chicos, razones de privacidad y para evitar molestias siempre terribles para su fama.
-Bien, Ringo ven conmigo, ustedes dos Georges vayan por allá.-dijo Neil señalando a George Martin y a George.
-Neil ¿ya habíamos mirado en esta habitación?-preguntó George al notar una puerta justo al lado de una columna, con lo que se veía más oculta.
-Creo que no…-
-Pues ábrela, tonto.- sugirió George. Neil tomó la perilla girándola para abrirla.
-Está cerrada.- exclamó extrañado mirando a los tres hombres a su espalda. George Martín se esculcó el bolsillo acercándose a la puerta.
-Tengo una llave extra que me dio Brian en caso de que los chicos perdieran la llave o algo así.- Ringo y George lo fulminaron con la mirada.-¡Idea de Brian no mía!-dijo buscando en un llavero con varias llaves. Sonrió cuando encontró la correcta.
-Apuesto a que él está ahí sí está con llave.- dijo George poniéndose detrás de su tocayo.
-Uy… ojalá no interrumpamos nada entonces.- le guiñó Ringo con una sonrisa.
-Estoy seguro de que así será. Nunca se nos ocurrió revisar aquí ayer cuando recogimos a las chicas.-sentenció Neil. Neil deslizó la llave por la cerradura y abrió. Los cuatro entraron a la habitación, y lo que encontraron los sorprendió. John estaba vestido… acurrucado en un sillón y dormido profundamente, sin haber siquiera tocado la cama de la habitación al parecer. Su chamarra le cubría levemente. Tenía la camisa con manchas de sangre que se habían vuelto de un color casi negro al secarse. El rostro de John, calmado por el sueño, ya no estaba tan inflamado, pero tenía raspones en el rostro y un moretón.
-¿Qué demonios?-Neil corrió hacia el guitarrista y los demás lo siguieron, sorprendidos por la apariencia de John y por ver la mesa cubierta con fotos y revistas de ellos.
-¡John! ¡John!- Neil estaba meneando al guitarrista con fuerza. John levantó el puño con fuerza, Neil, que lo conocía bien, se había hecho hacia atrás.
-Somos sólo nosotros, Johnny.- Le susurró Ringo, inclinándose para que John pudiera verlo pues por su ceguera a veces era complicado que los reconociera. Al ver el rostro del baterista John relajó el brazo y se calmó.
-Demonios, me sacaron un susto de muerte. Podría haberlos golpeado… nunca me hagan eso. Yo siempre estoy a la defensiva.- se ufanó tallándose las manos contra el rostro. Luego se enderezó, y el sol le dio en el rostro, se puso de pie rápidamente.- ¿Qué hora es?-preguntó medio apurado.
-Las doce y media. Brian está que te mata. Ya despidió a los dos tipejos de seguridad que contrató, y casi nos despide a nosotros por no poder encontrarte.- exageró Ringo.-Tenemos un ensayo en dos horas, ¿sabes?-
-Au.- La cabeza lo estaba matando.-Neil ¿tienes algo para la cruda?
-Sí, te traeré unas aspirinas, pero será mejor que saques tu trasero de aquí y te arregles pues con Brian necesitarás más que unas cuantas pastillas. Demonios, John, se ve que pasaste una nochecita… estás hecho un desastre.-Neil lo miraba desconcertado.
-Nada de qué preocuparse. Aspirinas, una cerveza y algo de maquillaje y ni Brian notará algo.- Dijo John apoyando su cabeza en el hombro de George.
-¿Quién te hizo eso por cierto? ¿Tus citas?- preguntó George Martin mientras Ringo y George miraban las fotos en la mesa con sospecha. George le pasaba la mano por el hombro a John para ayudarlo un poco con el dolor.
-No seas idiota. Estaba algo ido y rodé por algún escalón.-mintió John, retomando su mentira del día anterior. No podía explicarles que se había peleado con un psicólogo amigo de Brian y menos porqué lo había hecho. Al pensar en ello lo recordó muy bien, cada palabra que habían dicho él y Donald, todo lo que le había dicho a Tony y todo lo que había descubierto en las fotos. De pronto, Paul, Mal y Tony entraron por la puerta. Paul tenía los ojos turbados y Tony miraba con enojo el desastre que John había hecho.
-John, dijiste que las pondrías en orden de nuevo.- se quejó.
-Lo siento hombre, me acabo de despertar, lo hago en un segundo.- Paul notó entonces las fotos, y notó que George las estaba mirando con fijeza. ¿Por qué demonios tenía aquello en la mesa? Paul miró fijamente a George sin proponérselo, con la pregunta escrita en mayúsculas en sus ojos. George lo conocía lo suficiente para saber qué estaba pensando el bajista, así que desvió la mirada, se encogió de hombros y soltó a John para dar un paso atrás sin dejar de mirar al guitarrista.
-¿Qué es esto?-le preguntó soltando la pregunta que había estado cargando desde que entró a la habitación. John no podía decirle la verdad, aun cuando nunca antes había mentido a George, o a cualquiera de los tres Beatles, no podía decirles sus sentimientos enamoradizos de aquella vez. Diez pares de ojos se le quedaron viendo, esperando por una respuesta.
-Fotos.-contestó, queriendo ganar tiempo y haciendo uso de su sarcasmo habitual para hacerlos creer que era nada importante.-Nada Hary, estaba algo puesto y me dio algo de nostalgia.- aquello sonaba convincente, y sonrió satisfecho cuando Neil regresó con las aspirinas y un enorme vaso de agua.-Gracias Neil- John se tragó las pastillas y se tomó el agua como si hubiera estado en el desierto por días.
-Como dije, Brian está furioso, quiere verte y que se vayan ya. Mejor lávate el rostro y cámbiate esa camisa, no dejes que te vea sangrado… ya tendrá demasiado que decir cuando te vea el rostro. Chicos, salgan para darle privacidad. Paul, hazme el favor, y hazlo por Brian, quédate y ve que el pequeño Johnny esté listo a tiempo.-ordenó Nel.
-Bien, bien, no le haré tener un ataque cardíaco, me apresuraré.- John tomó sus cosas, le dio el sobre a Tony, y salió de la habitación con Paul a sus espaldas para ir a alistarse al cuarto que compartía con el bajista.
Los demás salieron, con Tony calcinando a John por el desorden que le había dejado.
-Maldito Lennon, se quedó con unas fotos….- rezongó revisando el paquete. Paul se paró en pleno pasillo, deteniendo a George y a Ringo que iban detrás de él y se puso a hablar con ellos. Negó varias veces, al igual que los otros dos, y se decían frases en rápidos y silenciosos siseos que los demás no comprendieron. 15 minutos después, Paul entró a la habitación. Escuchó satisfecho que el agua de la regadera estaba cayendo y que el guitarrista se oía apresurado dentro del baño, eso quería decir que no tendría que presionarlo para que se apurara.
Paul se ocupó dando vueltas por la habitación. Entonces vio la chamarra de John en el piso. Se arrodilló para levantarla y al hacerlo, cuatro fotos salieron de esta, cayendo hasta el piso. Paul las recogió curioso. Se sentó sobre la cama para verlas mejor con la chamarra de John en las piernas.
Les dio una primera mirada de forma rápida, luego, estupefacto, las miró más lento. La primera era una donde John estaba apoyado en una pared, con la mirada perdida, y con él mismo mirándolo profundamente. Sonrió un poco, pero luego tomó la siguiente. La siguiente era una donde John estaba parado de forma casual con Paul pegado a su espalda, ambos sonrientes y muy, muy juntos. Paul pestañeó, preguntándose por qué John tenía esa foto, y por qué demonios, él se había puesto tan cerca de John. Pasó a la siguiente foto, donde estaban ellos desde un ángulo de costado, hablando mientras caminaban juntos con la mano de John en la espalda de Paul. Pensando en ello por un momento, Paul notó que siempre había demasiado contacto entre ellos, que John muchas veces estaba cerca de él, tocándolo. Jamás lo admitiría frente a John, pero eso siempre le había provocado un sentimiento agradable, seguridad, calidez, e incluso, a veces, y eso no se lo reconocía ni él mismo, hasta excitación. Paul sacó ese pensamiento de su cabeza agitándola, pero, obstinado, pasó a una cuarta foto. Esa foto hizo que su corazón diera un salto, como si hubiera dado un último latido, hubiera muerto y luego, alguien, le hubiera dado shocks hasta revivirlo. La mano de John posaba en su hombro, y él y el guitarrista estaban cruzados en una mirada cómplice, como muchas que se daban, y una sonrisa cálida les poblaba el rostro. Por alguna razón la idea de que John jamás tocaba tanto o por tanto tiempo a George o a Ringo, y que, a pesar de sus travesuras, nunca los había atrapado mirándose entre ellos de aquel modo, lo atacó por completo. Paul siempre había pensado que era su mente la que quería verlo de ese modo, la que arreglaba todo para hacerlo lucir así. Ahora lo veía, estaba en sus rostros que se miraban entre ellos. Se veía tan obvio como en las otras fotografías, quizá un poco más. Paul se detuvo en la imagen de sus ojos mirándose directamente, era un simple contacto de ojos, pero él podría jurar que allí había un punto de terrible intensidad debajo de ese par de ojos, intensidad que flotaba más allá de sus rostros simplemente felices.
Graciosamente, nunca antes lo había notado. Él nunca había querido hablar con John sobre esos sentimientos que cada vez se le iban haciendo más duros de esconder. Había trabajado duramente para crear no sólo la máscara, sino el muro que los escondía y los apresaba; él era un hombre público, y su imagen era manipulable según lo necesario para que pudieran vender esas canciones que encantaban al público. Entre más sentía Paul que ellos hacían un contacto íntimo de verdad, más se convencía que era sólo él, y que John no sentía lo mismo aunque él así lo quisiera. Luego solía esconderse tras su muro, pensando que John podía llegar a perseguirlo como un fantasma de por vida por aquellos sentimientos que él no debería tener, y que no lograba entender, mucho menos aceptar: su mejor amigo convertido en su objeto de afecto. Siempre seguía viéndose con mujeres, y siempre trataba de darles a ellas los sentimientos que se reservaba para John, pero secretamente notaba que eso nunca sucedía por completo y eso lo aterraba de muerte.
¿Podía John estar sintiéndose del mismo modo que él? Paul se puso de pie, con la chamarra de John en el brazo y las fotos en la otra. Un cigarro le colgaba de los dedos. No podía dejar de mirar, de preguntarse sobre aquellas fotos y el por qué John las tenía. Las dudas le bailaban en el cerebro, dando vueltas y pasos de baile, mareándolo, atormentándolo más que nada. ¿Se sentía John del mismo modo que él?
Paul estaba tan absorto en sus pensamientos y en las fotos que no escuchó a John saliendo del baño.
John salió sonriente, mirándolo quieto en medio de la habitación, vestido sólo con una toalla blanca con el logo del hotel. Se había bañado, afeitado y peinado, y había salido a buscar su ropa sólo para encontrarse con Paul mirando las fotos. Por lo que había hablado con Donald, lo que había mirado en las fotos, y lo que veía ahora en el rostro de Paul al mirarlas, sabía que Paul estaba en las mismas que él.
El dolor de cabeza se le había ido, y ahora estaba plenamente despierto después de la ducha, y al mirar a Paul con su desordenado-ordenado cabello negro cayéndole sobre los ojos, sintió una sensación recorrerle hasta llegar directamente a su ingle. Aquello ya no era tan malo, no ahora que sabía la verdad.
Sonriente, caminó hacia Paul.
-Hola chismoso.- Paul saltó al notarlo tan cerca y John notó el sentimiento de intensidad que siempre sentía al mirarlo a los ojos justo antes de que Paul bajara la vista evitando sus ojos. Los ojos café de Paul lo traicionaron al bajar la mirada pues se toparon con el cuerpo semidesnudo de John y su instinto lo hizo mirarlo por completo, hasta la punta de los dedos del pie, y de regreso, aterrizando sobre la toalla. Avergonzado, Paul se giró y guardó las fotos en la chamarra dejando ésta sobre la cama.
-Lo siento, sólo levanté tu chamarra del suelo y las… fotos se cayeron de allí.-contestó nervioso, jalándose los dedos de la mano derecha. John se le quedo mirando, sabiendo que estaba nervioso y que traía la guardia baja. Ese dato, sin proponérselo, lo hizo sentirse deseoso de tocarlo más. Se acercó hacia él, esquinándolo para evitar que huyera.
-Ya sé que ocurrió Macca. Ahora déjame suponer que pasa ahora. Viste esas fotos, y lo supiste. Yo las tomé para mostrártelas luego, pero no pensé que fuera ahora, tan pronto. Yo lo hago Paul, noto la forma en la que me miras, y lo nervioso que estás de saber la verdad… noto como reconoces lo que siento, y como tus ojos te delatan más de lo que quisieras… noto que no puedes dejar de mirarme aun si lo intentas.-le dijo tratando de decirlo en control, gentilmente, esperando que el bajista pudiera admitirlo, que ambos pudieran admitirlo. Pero Paul empujó a John a un lado.
-Cállate, John.- dijo lacónicamente, intentando encender su cigarrillo con el labio inferior entre sus dientes. Por un momento John se le quedó mirando a ese gesto, y se le ocurrió una letra perfecta para una canción: “Esos labios eran demasiado hermosos para haber sido creados para besar/ demasiado suaves como para que un hombre los intentara tocar/” pero evitó pensar en ello y se paró con firmeza al borde de la cama, mirando cada movimiento de Paul. John lo conocía tan bien que podía leerlo por completo. Desde la forma en que su cuello estaba tieso, la forma en que sus manos aprisionaban el cigarrillo, el cómo sus labios se perdían entre sus dientes cada vez más, el cómo daba rápidas y nerviosas caladas al cigarro….
-Paul, lo siento, pero a mí no me engañas. Me quieres… y yo a ti. No es una cosa negativa, lo sabes. Siempre ha estado ahí, y se quedará, creciendo más y más y yo, por una vez, me doy por vencido, pues no puedo resistirlo por más tiempo.- sus palabras lo recorrieron con tanta fuerza al pronunciarlas que se le bajó todo al estómago, finalmente había podido decirlo y todo lo que necesitaba era que Paul le fuera recíproco. Cuando John notó que Paul no decía nada, comenzó a acercarse a él.-Paul, por favor, por favor, admítelo. Veo que estás mordiéndote hasta la uña, y sé lo que eso significa, sé que no sabes qué hacer. Sé que estás nervioso y asustado, pero necesitamos arreglar esto ya. Vamos, Paullie, admítelo, por favor.-presionó John.
Paul sentía cada nervio de su cuerpo dividiéndose en dos diferentes direcciones, una parte emocionada, excitada ante la confesión de John, la otra, asustada y fuera de control pensando en que, si admitía sus sentimientos todo lo que habían creado como grupo se arruinaría por su imagen pública. No, no podía hacerlo, la gente sabría, sus fans, su familia, sus amigos, ¡¡George y Ringo!! ¡Neil, George y Mal!, todos ellos lo mirarían diferente, lo odiarían, lo mirarían con el falso respeto con el que miraban a Brian. Es que aquello estaba mal, ¡¿Cómo podría él amar a John de ese modo?! ¡¿Cómo podía amarlo John de aquel modo?! Tragó aire con fuerza, intentando refrenar sus nervios.
-N-no puedo.-resopló intentando girarse hacia John. John estaba tan cerca, que pudo sentir el aliento de Paul sobre su piel cuando el bajista dejó escapar aquello. La toalla de John cayó al piso cuando éste se estremeció.
-Demonios Paul, ¿no lo ves? ¡Mira! ¡Sé que puedes oírme! ¿Es tú maldita reputación tan importante que no puedes reconocértelo ni a ti mismo? ¿No a mí? ¡Hay algo llamado secreto Paul!- le susurró al final, después de anunciar todo lo anterior con fuerza. – Sería nuestro secreto Paul, nuestro, como tantos otros que hemos compartido, tener ambas cosas, lo que siempre hemos querido. Sé que puede ser jodidamente duro de esconder Paul, pero, maldición, lo hemos estado ocultando ya por mucho tiempo, podemos hacerlo, al menos nos tendríamos el uno al otro del mismo lado.-razonó John volteando a Paul para que lo encarara.-¡Joder Paul mírame! No tengo ni una sola cosa sobre mí, ¿crees que es fácil estar así, frente a ti, expuesto?, ¿aceptarlo?- Paul tragó hondo. John y él sintiendo lo mismo, simbióticamente, sin pretenderlo, con una especie de alivio y luego, de nuevo, angustiados. Pero Paul simplemente no estaba listo. Empujó a John lo más fuerte que pudo, pues sabía que si esperaba un poco más no lograría mantener su decisión.
John vio la pared perderse y luego el techo aparecer ante él. Las emociones lo golpearon cuando notó que en el rostro de Paul ya estaba de nuevo esta estúpida máscara.
-¡No! ¡No hagas esa estupidez! Joder.- gritó John parándose al mirar a Paul con aquella actitud ensayada ya en función. Paul se llevó el cigarrillo a los labios.
-No sé de qué me estás hablando John.-Mintió Paul, resoplando.
-Oh sí, ya lo creo que sí lo sabes. ¡Te vi mirándome demonios! Te vi mirarme con deseo, maldito imbécil, ¡no puedes negar eso!- escupió John frustrado.
Ambos pegaron un salto al escuchar que alguien tocaba la puerta. Paul empujó a John lejos de él, John recogió la toalla, amarrándosela en la cadera, su rostro estaba rojo de ira por la interrupción en la confrontación con Paul, permitiéndole a Paul enterrar la verdad muy lejos de él. John sabía que habría podido derrumbar ese muro de nuevo de no ser por esa interrupción.
-¿Sí?-gritó Paul hacia la puerta, intentando controlarse. La puerta la abrió Mal, y los miró a ambos un segundo antes de notar que algo estaba pasando, pero no suponía qué, no le importaba y la verdad era que no había tiempo para eso. Brian necesitaba que los cuatro estuvieran listos ya.
-Paul, se suponía que te asegurarías de que John estuviera listo. Nos vamos en 15 minutos, los otros dos ya están en el cuarto de Brian, esperándolos, y ya no puede esperar más. ¡Apúrate John!- se quejó Mal.
-¡Yo no soy su maldita niñera!- respondió Paul.
-Sólo déjame cambiarme, ¿quieres?... demonios, dile a Eppy que se controle.- John fue hacia su maleta y sacó su ropa de ella.
-Mal, tú asegúrate de que Lennon se arregle, iré al cuarto de Brian con los otros.-contestó Paul con algo de coraje, queriendo huir. Sabía que con John no podría aplazarlo para siempre, pero él no le daría ni una sola posibilidad en la medida de lo posible. Lo único que le preocupaba por ahora era que tenían que escribir juntos… solos.
-No necesito una nana. Me estoy vistiendo Mal, lárgate.- John azotó la puerta y se inclinó contra ella. Había estado tan cerca de obtener una confesión de Paul, tan cerca. Cerró los ojos con fuerza y sintió la humedad que los estaba llenando.
-Maldición.- gimió John con exasperación. Tenía que mantenerse en calma y alejar todo eso de su mente por ahora, cambiarse, y hacer el maldito show. Luego, sí, después, tenía que disculparse con Donald. Después tendría que darse una buena tunda para prepararse para enfrentar a Paul. El juego sólo había dado comienzo, ese era sólo el primer round. Primero tenía que planear, después jugaría y Paul y él ganarían, pues Lennon siempre juega a ganar. Se sonrió, sintiéndose un poco mejor. Se colocó la corbata y dejó que quedara floja, se desabotonó algunos botones de la camisa y luego salió de la habitación.
Durante los shows de esa noche Paul se mostró como de costumbre, energético, activo, musical y encantador. Lo único diferente en él era que hablaba con John sólo cuando tenía que y lo hacía dando respuestas cortas e indicaciones en tono de orden, un tono que nadie quería usar con el explosivo guitarrista, pero, para sorpresa de todos, John no contestó de malas ni una sola vez. Paul se mantenía alejado de John componiendo de pretexto el estar cerca de George o de Ringo. Lo peor para John era que se estaba portando muy profesional; salió y cantó con él en el mismo micrófono, gritó con él, tocó con él, hasta meneo el trasero y la cabeza con él, hacía las bromas de costumbre y seguía el juego a las travesuras que hacían de costumbre de show en show.
Nadie le mencionó nada sobre el por qué se mantenía lejos de John, pero todos lo notaron. Incluso, el bajista alcanzó a oír a Ringo, George y Neil murmurando al respecto; las apuestas de Neil era que habían discutido y aseguró que eso lo tensionaba debido a que ellos eran un motor fuerte para la banda, pero los otros dos lo calmaban diciendo que, siempre que él y John peleaban todo terminaba arreglándose sin que alguien se diera cuenta de cómo. Así que dejaron las cosas como estaban, y Paul estaba muy agradecido por ello, no sabía cómo podría explicar las cosas… y además ¡él no tenía por qué decir nada al respecto! Él sólo tenía que concentrarse en protegerse, en ahuyentar de su mente los sentimientos que había descubierto en John, en evitar reconocer los que él tenía dentro suyo, y que lo estaban destazando vivo. En un momento no aguantó más y tuvo que pedirle a Mal que le consiguiera algo para los retortijones estomacales que lo estaban acechando. No le gustaba pensar que el guitarrista le pudiera producir semejante reacción biológica, y menos otro tipo de reacciones biológicas más penosas para él, y definitivamente no iba a dejarlo saber cómo lo estaban azorando sus palabras.
Tuvo que enterrar todo eso en el interior más profundo del gabinete de secretos de su cabeza que utilizaba para bloquear las cosas que no quería que la gente viera o supiera de él, de lo que él siente o piensa. No dejaba nada fuera de él a menos que fuera necesario. Así las cosas siempre eran más efectivas, mejores y fáciles.
John se acomodó en el sillón de piel sintiéndolo ceder un poco bajo su peso. Dejó que su cabeza descansara en el respaldo, encendió un cigarrillo y fumó soltando el humo por la ventana abierta, cerrando los ojos. Paul se había mantenido lejos de él lo más posible, y ahora, el cobarde se había sentado del lado opuesto de él, entre George y Ringo que al inicio lo vieron sorprendidos por ello. La cabeza le estaba empezando a doler de nuevo nada más de pensar en cómo el bajista había salido a hacer un doble show, el de la banda y el personal, en el cual ponía el empeño de mantener un teatro de máscaras. Justo en frente de él.
La máscara estaba en su sitio de nuevo, el muro había sido restaurado y puesto en su sitio de nuevo, ahora él tendría que conseguir un tanque para demolerlo. Quizá Donald tuviera una idea de cómo. Dejó que el humo saliera como una fuga enorme de tensión de una tetera, liberándolo por la nariz. No quería confiar en él, pero Donald era el único, aparentemente, capaz de ayudarlo. No era como si el doctorcito fuera a decirle a cualquiera, ¿o sí? De pronto se sintió atacado por la sensación familiar de terror que le venía cuando pensaba en la posibilidad de ser descubierto… no solía confiar con facilidad, pero tenía que dejar de pensar de manera negativa y lo mejor sería pedir ayuda ahora que alguien estaba dispuesto a darla.
Necesitaba estar a solas con Paul, a solas aunque sea con el pretexto de una canción de por medio.
A John le habían estado lloviendo ideas para una canción cada que miraba a Paul, por ejemplo, en pleno concierto cuando el chico estaba presentando una de sus canciones, sonriente y encantador, le había preguntado a John “¿Tú qué opinas?” –Tal como se supone debía hacer- y John había estado a punto de decir: “Opino que quisiera beberte como se bebe la sangre de la boca que te han reventado; con humillación, fascinación, dolor, angustia y pena." Pero al contrario, respondió como debía, con los dos primeros versos de la canción. Atontado por su pensamiento había estado distraído con la canción y no hizo las voces armónicas y se equivocó en dos acordes, con lo que George se acercó a ver si la guitarra tenía algo; John sólo atinó a disculparse con una sonrisita…
Luego, cuando se despidieron y Paul se trabó intentando decir sus nombres en algo que no solía hacer, John había comenzado a juguetear con la idea: Paul 4 letras… solo 4 letras (solo Paul 4 + 4 letras)…. amor 4 letras… sexo 4 letras… John 4 letras… y sólo se le olvidó cuando intentó meter en esa escala las palabras “cielo” y ganas.
Soltó un hondo suspiro dejando que su mente nadara en el pensamiento de Paul, intentando cerrar el mundo a su alrededor por sólo unos minutos, para que pudiera recuperar su fuerza para el juego.
En el camino no se interesó en las bromas y risitas de sus amigos. De hecho se aseguró de parecer invisible mientras miraba a Paul uniéndose con calma a la fiesta de alcohol en la que estaban los otros dos, lentamente se fue escurriendo para irse. Aún con sus intentos, Mal no pudo evadir su presencia al notarlo en aquel estado.
-John, ¿a dónde vas?- preguntó el corpulento hombre. John se detuvo y se giró un poco hacia él.
-Tengo algo que hacer… vuelvo enseguida.- respondió.
-Más te vale que no desaparezcas de nuevo John, Brian te matará si lo intentas.- comentó serio el hombre.
-Ese nene no puede hacerme nada Mal. Sus golpes jamás darán con mi cabeza.-
-Eso espero…- se rió Mal negando con la cabeza. Captando además el doble sentido.
-No te preocupes, estaré de regreso para la rueda de prensa.- dijo John hablando mientras se alejaba hacia el cuarto de Donald.
-Eres un caradura Lennon.- John le levantó el dedo y siguió caminando.
Cuando llegó frente al cuarto de Donald se puso a pensar qué le iba a decir. Disculparse no era precisamente su fuerte… de hecho era una de las cosas que no le salían nada bien. De todos modos tocó a la puerta, y está se abrió al poco rato. Cuando Donald vio a John su primer impulso fue cerrar la puerta, pero John detuvo la puerta con el pie.
-John, mi fuerte no es el box y no se me antoja otro round, así que vete.- pidió el psicólogo apoyándose con fuerza en la puerta.
-No vine a discutir.-dijo empujándola hacia el otro lado.- quiero disculparme por lo de ayer.-Donald dejó de empujar, pero no se quitó de la puerta.-Escucha, no voy a decir que estuve mal ni nada de eso, aunque sí, o que no lo hice a propósito, ambos sabemos que sí fue así… pero lamentó haber sido tan… haberme portado así y no haberte escuchado. Si me dejaras, me gustaría hablar contigo… ya sabes, sobre lo de anoche. Tú…. Tenías razón. Cuando te fuiste, me puse a pensar, incluso fui a buscar algunas fotos y…- John se detuvo un momento a respirar, no era fácil para él.- Lo vi, vi lo que me comentaste ayer… lo vi, y necesito hablar contigo si es que puedes perdonarme por lo que hice.-John esperó por la reacción del hombre. Esperaba que Donald no siguiera molesto.
-¿Llamas a lo de ayer solo “discutir”? ¡Ese debe ser un argot británico! Okey, entra, pero más te vale que te controles muchacho…-Lo dejó entrar.
- Yanqui.-se quejó John entrando. Luego se puso serio, sin ánimo de jugar a la buena educación. Reflexionó un momento y luego dijo:-Supongo que será mejor que diga todo antes de que reviente… empezó con Stuart, él está muerto ahora, pero era mi mejor amigo entonces, y éramos muy unidos, él sólo me parecía guapo, y nunca llegó a ser como ahora, pero no mentiré en decir que sí llegué a fantasear con él.-pero luego agregó.-Aún así siempre solía escoger chicas primero… mucho primero que a él.-Donald asintió comprendiendo que John hablaba de la pregunta que le había hecho la noche anterior.
-Entonces sí habías tenido pensamientos sobre hombres antes… pero sueles preferir una mujer y luego seguir pensando en hombres… pero para ti no puede ser cualquiera, ¿verdad?- aseguró Donald. John bajó la mirada, tratando de no enrojecer.
-No, supongo que no. Cuando conocí a Paul fue una cosa muy curiosa, Paul y Stuart no se llevaban y yo imponía a el uno la presencia del otro sólo para sentir, muy en el fondo, que lo que estaban discutiendo era sobre mí, no supe entenderlo hasta que, en Hamburgo, Paul se volvió mi centro… no todo mi centro, pero sí la mayoría de él… por ese momento Stuart seguía pareciéndome guapo, pero no había un punto de comparación entre él y lo que había con Paul, con todo y que Stu era más atractivo…- John no parecía tan seguro.-No sabía que podía hacer, así que fui a España con Eppy, pensando más en que no sabía qué podía hacer y buscando, ¿cómo decirlo? Algo de experimentación… -John sonrió, regalándole a Donald su primera sonrisa real de aquel día…
John había ido a explicarle las cosas a Donald, en retribución Donald le había explicado a él más sobre lo que tenía que hacer con respecto a sus sentimientos por Paul. Donald trató de ayudar a John para que tuviera un sentido de qué pasaba con el bajista. Y ahora eso tenía un poco de sentido.
-¿Cómo consigo que Paul baje la guardia un poco? ¿Cómo lo encuentro solo si quiera? Demonios, de seguro ya está enredado con alguna chica para esta hora.- Paul necesitaría correr por una mujer, la que fuera, justo como había dicho el rubio doctor, pues necesitaba reafirmar su masculinidad…
Tranquilo, lo más probable es que así sea… ¿y qué? Las muchachitas con las que se acuesta nunca le importan medio dedo… sólo tienes que esperarlo un poco, pero no tanto… el muro, si espero mucho el muro se hará más grueso… mañana tenemos el día libre, Brian dijo que necesitábamos hacer canciones y que quería que hiciéramos el intento mañana… eso puede ser muy útil. Le recordaré a Brian que haga un comentario al respecto frente a Paul, si consigues hacer que escriban una canción eso hará mucho al respecto, escribir siempre lo hace sentir más relajado, y luego de bromear y ser como éramos (somos, John, somos) de amigos, él bajará la guardia un poco. Y ahí sólo será cuestión de quitarla por completo… ánimo, Donald dijo que sólo tú sabes cómo hacerlo…
John sostuvo la tarjeta de presentación que Donald le había obsequiado, diciéndole que siempre que tuviera algún problema podía contar con él. Se la guardó en la cartera, seguro de que sí la usaría… Donald le había sonreído al fin, a modo de despedida, y cuando lo hizo notó que ya eran amigos, algo que no solía pasarle tan rápido.
“-Ah, y sí.-había dicho Donald cuando estaban en la puerta.
-¿sí?-
-Sí soy gay.-
-Lo supuse, y la verdad es que no importa, tampoco con Eppy lo ha hecho nunca, es sólo para joderlo un rato.-le dijo guiñándole.- no me importa lo que Brian quiera ser, es sólo para revolverle el cerebro un poco… algo que suelo hacerle muy seguido…- se burló John.
-Se lo dije, pero creo que ese hombre se te irá un día encima.-
-Uhmmm, yo sólo espero que tenga realmente alguien con quien estar, ¿entiendes? La burla siempre es genial, pero quisiera que él fuera más feliz.-
-Ojalá vieras tu vida con la claridad con la que vez la de Brian. Sé todo lo que implica para ti, estás casado, y el trabajo les exige cierta libertad de relaciones para el marketing, y si las cosas van bien con Paul tendrá que quedarse un tanto en silencio. La homosexualidad no está en la gloria de la aceptación estos días.-
-No, no creo que lo esté. De nuevo, fue grandioso el conocerte, y estaremos en contacto. Gracias de nuevo.-le agradeció con afecto. Y luego corrió para evitar que Brian le diera una regañina de nuevo. Cuando llegó a su habitación estaba seguro de que ésta estaría en uso, así que se dedicó a dar vueltas, fumando, mientras recordaba el resto de la conversación con Donald. Se dirigió hacia la sala de prensa.
Se acercó hacia la puerta, y esperó para ver si alcanzaba a oír la voz de Paul, pero no la escuchó. Paul no estaba ahí, aunque eso ya lo sabía. Así que se dejó caer al mini bar y se sirvió un trago, tratando de contestar con atención a las preguntas de los reporteros y hacer un buen trabajo frente a los amigos y la prensa. Lo peor fue la decisión final; John estuvo toda la noche manteniendo a las chicas atadas en la frontera de su aprecio.