Day (Week) Tripping – Sao Paulo
Fue en Octubre (2007). Después de más de un lustro sin viajar, y aproximadamente el mismo tiempo sin tomar unas verdaderas vacaciones, decidí invertir mis ahorros en un viaje fuera del país. El punto elegido: Sao Paulo!
Vaya… es mi primera vez en Brasil, y además mi primera vez en un país en el que no hablo una palabra del idioma… bueno, a pesar de ello, puedo decir que lo he aprendido. Sobreviví sólo en las “ruas” del centro y he entendido algunas mañas muy bacanes para entender el idioma. Desde luego soy medio tarzán para hablar, sin embargo entiendo bastante a las personas y puedo leer de corrido.
Comparto algunas claves simpáticas… para empezar, el portugués es como una especie de “Español antiguo”. Algunas palabras son prácticamente la manera “vieja” de hablar en español, por ejemplo, para decir “necesito” dices “preciso”… en español nadie dice “Preciso de un baño”, pero todos lo entenderían. “Acertar” es usado para decir “Estar en lo correcto”, “Testar” es probar, “Batir” es golpear. A las palabras en inglés le aumentan una “i”… “Interneti”, “Ghosti”, “Shopi”… las palabras que terminan en “ción” (en español) usan “çao” por ejemplo “Conceiçao” (Concepción), “alimentaçao” (Alimentación), etc. Muchas palabras son igualitas en español: técnica, menos, malcriado, barato, breve, comer, cuidado, etc. Para usar “ito” usamos el popular “inho”.
En fin, esas son algunas claves, jaja. Ahora vamos al viaje!
Para saber algunos datos adicionales de este enorme país, la moneda que manejan son los REALES, que equivalen más o menos a 1.50 soles. Sao Paulo es un enorme centro empresarial en Sudamérica, se encuentra al sureste de Brasil, y es una de las ciudades “mais graindes do mundo” (esa frase, por cierto, está mal construida… sería correcto decir “O maior do mundo”

). Los equipos locales son el Corintians y el Sao Paulo. En la costa de Sao Paulo se encuentra Santos, tierra del Rey Pelé. Además, tiene el Hopi Hari, el parque de diversiones más grande de Latinoamérica (al cual, por supuesto, acudí).
Los brasileiros son excelentes! Recontra alegres, dispuestos a ayudar, sonrientes a más no poder… no saben hablar ni español ni inglés… es decir, ni una palabra de eso! Es raro, acá en Lima el que menos, te dice “I don’t speak english”, o lo que sea, pero los brasileros simplemente no les interesa aprender, son felices con su portugués… son felices con todo! Es sorprendente, de veras, personas muy buenas y divertidas.
El clima en este país es cambiante. Sin embargo en todo el viaje ha sido caluroso a más no poder. Un par de noches llovió con distintas intensidades y por rangos diversos. Allí bajó la temperatura. Pero por el resto, a guardar las medias y sacar las sandalias…!
Las mujeres… sin comentarios. Mi estimado Submarino se arrancaría los rulos y mis queridas Rolly y Marko se morirían de celos con las mujeres que hay en este país. Es que aparte de ser muy “redondas”, pareciera que llevar “decote” (escote) es tan normal como llevar aretes…!
La gente en general, es una propaganda de Bennetton. Son una mezcla brutal de colores, es increíble. Uno puede ver a un vago de ojos verdes y puede ver un preto (negrito) besándose con una gringaza, o un chino hablando portugués con su novia con pinta de hindú. Es alucinante.
Hay harta conciencia sobre el reciclaje y la preservación de las áreas verdes y la ciudad limpia. Esto es muy positivo, ya que se ha logrado arraigarlo desde hace poco y con intervención del gobierno. No nos vendría mal algo así por nuestro país, más mano dura en temas verdaderamente trascendentes y que afectaran nuestro futuro y el de nuestros hijos, no tanta coyuntura, no???
La hora en Brasil, por ser verano, son 3 horas más. Quiere decir que cuando la gente está entrando a trabajar acá, algunos recién están cortando la juerga en Lima, jajaja. Además algo muy loco: su fin de semana es su inicio de semana, pero igual chambean el Lunes (como un Domingo), sólo que los servicios están cerrados hasta el Martes. Por algo los días de la semana son “Domingo, Segunda (Lunes), Terça (Martes), Cuarta (Miércoles), Quinta (Jueves), Sesta (Viernes), Sabado”…
Primer día – Yes we’re going to a party party
Embarqué en la madrugada del Sábado en el modernísimo aeropuerto Jorge Chávez

en línea Lan. Debo comenzar halagando la comodidad y tecnología que ofrecen estos aviones de nuestros hermanos chilenos… me saco el sombrero! El asiento (y discúlpenme quienes estaban enterados de todo esto de antemano, pero repito que hace mucho que no viajo) viene equipado con un control mismo supernintendo, y unos audífonos, para tener entretenimiento personal. Frente a uno, una pantalla LCD con touch screen de unas 10”. Un lujo… y estoy hablando de clase económica! (los de primera clase tenían pantalla de 17”). Uno podía elegir oír música, ver películas, ver series de Tv, jugar juegos, etc… en las 4 horas y pico que duró el viaje (que para mí fueron 10 minutos) jugué Tetris, vi Los Simpson, vi “Evan Almighty”, y oí el Rubber Soul de Los Beatles, además del “Dark Side of the moon” de Pink Floyd y el grandes éxitos de “Dire Straits”. Para esto, uno puede consultar cuando le da la gana encima de qué país se encuentra en ese momento… así me di cuenta de la ruta entera que tomó el avión: Lima (Perú), sobre el océano pacífico, entrando por Santiago de Chile (Chile), cruzando por el norte de Tucumán (Argentina), Pasando encima de Asunción (Paraguay) y entrando a Brasil para salir nuevamente por el océano atlántico y entrar directamente por Sao Paulo. Para mí, un sueño este tipo de tecnologías. Me fascinan.
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En fin, por fin pisé Sao Paulo. Como es un país tropical, se necesita presentar un certificado de vacunación contra la fiebre amarilla (sigamos los consejos para “falar” portugués… esto sería “vacunaçao contra a febre amarela” jaja), que desde luego lo saqué poco antes de viajar… dígase, me vacuné poco antes de viajar. Esta vacuna no duele nada y dura 10 años. Yo no lo sabía pero todo país con clima caluroso la necesita ahora, por culpa de un mosquito que la transmite: Egipto, México, hasta Perú.
Con la Ch como mi guía (maneja mucho mejor el portugués que yo) tomamos un taxi y pudimos comprobar lo caro que este era… nos rajaron 85 reales (qué manera de empezar el viaje) desde el aeropuerto hasta Belavista, distrito en el cual habíamos reservado nuestro hotel (qué precavidos… llamamos desde Lima algunos días antes para reservar una habitación… hay que tener cuidado, en Brasil son fanáticos de las carreras y esta semana tenían Fórmula 1 en Sao Paulo, por lo que todos los hoteles estaban copadazos!).
Por un viaje previo a otro lado de Brasil, Ch había conocido a 2 brasileiros moito distintos: Fabio, un poco más yupi, con carro y buen trabajo, 30 años y Leonardo, mucho más urbano: Músico, Krishna, 20 años. Para nuestra suerte, teníamos sus números.
Así que nos dirigimos a “Shopping “Eldorado”. Un shopping, obviamente, es un centro comercial. Pues siendo Sao Paulo tan grande como es, cuenta con varios de estos shoppings. Fuimos allí para comprar nuestras entradas para el Hopi Hari, el parque de diversiones del cual ya habíamos averiguado desde Lima, vía internet.
Para llegar allí, tuvimos que caminar un poquito por las ruas (calles) de Belavista. Belavista fue construida sobre las montañas de Sao Paulo, por lo que sus ruas parecen una verdadera montaña rusa! Llegamos a la Av. Paulista, recontra grande y llena de edificios, además de céntrica, y tomamos un bus para el Shopping Eldorado.
Qué lindo y ordenado es el transporte en Brasil. A pesar de esto, la percepción de los brasileiros NO es la misma: creen que su tránsito es caótico –así como creen que sus calles son peligrosas, y sus áreas verdes pocas (jaja, vengo de Lima! Estoy curtidazo con esto! Amigos brasileiros: su tránsito es un reloj suizo, sus calles son una misa, y sus áreas verdes son una amazonía!) en fin… todo ordenado, peeeero muy caro! Un viaje en bus te cuesta R$2.30… osea, como 5 lucas!! En fin. El cobrador va sentadito y el micro sólo para en puntos particulares… hermoso.
El Shopping Eldorado cuenta con muchas tiendas y restaurantes, como buen “mall” que se respete. Allí logramos trocar dinero, comprar una “cartao da ligaçao” (tarjeta de llamadas… ah, como no, la empresa de telefonía TAMBIÉN ES TELEFÓNICA… como los odio!), y comer en los lugares conocidos y desconocidos del food court. Aprovechamos además de llamar a Fabio, quien emocionado por nuestra llegada, nos recogió de allí en unos minutos.
Como contaba con un carro, nos paseó un poco por Sao Paulo y nos preguntó a dónde queríamos ir. La Ch, organizada como ninguna otra, tenía una lista de lugares que debíamos visitar en Sao Paulo, así que decidimos ir al Instituto Butantan. Este Instituto se encarga del estudio de Serpientes y Arácnidos de la Amazonía, y obviamente, tenía hartas especies que compartir. Así que en sus grandes “piscinas” de grama (césped), vimos harta serpiente; y en sus metros de jaulas acondicionadas, especie por especie no sólo de serpientes, sino también de iguanas, sapos, peces exóticos, escorpiones, y demás “bichos” (así se dice “animales” –así te estés refiriendo a una ballena). Como se trata de un Instituto, contaba también con una parte más “científica”, donde te explicaban las enfermedades y exponían con microscopios, los microorganismos que se encontraban en gotas de agua y demás. Me pareció muy graciosa su manera de graficar la muerte por picaduras… recontra directos, jajaja.
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Fabio nos prometió recogernos nuevamente para ir a alguna festa esa noite… así que volvimos al hotel y pude ver el pobre partido de Perú, con una narración objetiva de los brasileiros que pude entender casi a plenitud. Lo bacán de este país futbolero es que pasan todos los partidos… he visto (parte de…) Francia-Lituania, el Bolivia-Colombia, el Italia-Sudáfrica, y el Perú-Paraguay… tan linda es mi suerte que todos quedaron 0-0 jajaja (salvo Francia que le metió 2 a Lituania). Como quiera que sea, esa noche Fabio nos comentó sobre el metro de Brasil (a pesar que cuando terminó el partido ya estaba fechado (cerrado) y no pudimos aprovecharlo), y nos recogió de la Av. Paulista (gigantesca avenida principal de S.P.) para llevarnos a un lugar que está a la espalda del Cementerio de Vila Madalena, otro distrito paulista. El lugar era como la cuarta parte del Sargento Pimienta (igualito), y se llamaba “El trasero” por la broma de ser “El trasero del cementerio”… excelente que pudimos ver música en vivo en este lugar (Samba obviamente), y toda la gente bailando al ritmo de esta. Además, claro está, de tomar Brahma y “Serramonte” (otra marca de “cerveça”) como locos.
Conocimos al primo de Fabio, Pedro, otro paulista buenísima onda, y además muy gracioso, quien no tuvo reparos en acercarse conmigo donde los músicos, más que nada para que me expliquen sobre este instrumento brasilerazo (propio de la Samba), la “Qüica”.
Segundo día – Helter Skelter
A la mañana siguiente nos esperaba el Hopi Hari. Vaya día para intenso, fue LO MÁXIMO. El parque de diversiones fue brutal, estaba en las afueras de Sao Paulo y para llegar ni les cuento lo que costó el taxi… sin embargo valió la pena. Apenas entramos empezamos a entrar uno tras otro a los juegos del parque… la Torre Eiffel, donde te suben 69 metros y te sueltan en caída libre sentado, el Montezum, la cuarta montaña rusa de madera más grande del mundo, el Katapul, dos vueltas de campana (una de frente y otra de espaldas), el Ekatombe, aproximadamente 5 vueltas de rotación y traslación a 10 metros del suelo, la montaña rusa a oscuras, el barco vikingo, y muchas más que pienso colgar en videos en YouTube, jejeje. Además claro, estaban algunas “menos intensas” como la casa embrujada, un circo en pleno Hopi Hari, etc. El día terminó recién a las 8pm, en el que un bus nos llevaba de regreso al ya conocido Shopping Eldorado por un precio más cómodo. Antes de irnos, aprovechamos de llamar a nuestro otro amigo, Leonardo.
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Leonardo nos dio el encuentro en Eldorado. Como buen tipo noctámbulo, nos llevó a dos huariques de Sao Paulo. El primero, uno donde él se había presentado alguna vez con su banda, y donde nuevamente pudimos oír música en vivo. Pensamos que quizás no lo volveríamos a ver pues durante la semana todos trabajan, sin embargo, para él era feriado al día siguiente (para el sector para el que él trabajaba) así que me prometió que me acompañaría a comprar una Qüica en el centro.
Luego de un par de Caipirinhas con frutas (o como le gustaría llamarla a nuestro estimado Marko, “pin...”), nos fuimos a un “sanguchón” cercano a la Av. Paulista. Leo también es vegetariano, así que todos contentos comiendo nuestros “lauches de queijo” (sánguches de queso) y tomando Skoll, jeje, también de Ambev porsiaca.
Tercer día – Octopus’s Garden
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Al despertar del tercer día, llamamos a Leo para encontrarnos en el point (Eldorado) a golpe de 10am. Fuimos juntos a Rua Teodoro Sampaio, que no es otra cosa que una suerte de Gamarra en Brasil

toda una calle gigantesca donde se puede conseguir de todo y barato. Para esto, otra cosa curiosa de Brasil es que como buen país latino, tiene las mismas sacaditas de vuelta que nosotros, pero en portugués… es graciosísimo. Por ejemplo, la piratería, que se la traen de Paraguay (y cada DVD cuesta como 15 reales… viva el Perú), los compradores de Ouro (compradores de oro, jaja), los brujos que te hacen una amarraçao (un amarre), incluso los pobres que suben al micro a darte un discurso, muéranse de risa: EL DISCURSO ES EL MISMO, SÓLO QUE EN PORTUGUÉS!!! (“Señores pasajeros, damas y caballeros, disculpen por interrumpir su lindo paseo, su lindo viaje… quien les habla es…”).
Una parte de Teodoro Sampaio tiene toda una sección de música, así que nos dirigimos allí con Leo y en unos minutos había elegido una linda Qüica que hasta ahora estoy aprendiendo a tocar

los instrumentos de percusión nunca han sido lo mío, pero ya me aseguré con llevarme algo recontratípico du Brasil.
Nos despedimos de Leonardo al medio día luego que nos enseñara a usar el Metro. Vaya si este servicio cambiaría totalmente las cosas en Lima! El Metro cruza casi todo Sao Paulo en aproximadamente 40 minutos, es magnífico. Paradójicamente, el pasaje cuesta igualito al bus brasileiro… Nos bajamos en la última estación y tomamos un bus hacia Santos, tierra del Rey Pelé.
Luego de unas 2 horas de viaje, estábamos allí, en la playa por fin! Al sur de Sao Paulo, y frente al mar donde yacen los restos de Lennon, en el puerto brasileiro de Santos. Caminamos todo el día por la bahía, nos paseamos por la playa (donde había harto chibolo jugando futibol), y visitamos el “museo del mar”, que en 2 partes contiene restos encontrados en embarcaciones naufragadas, y esqueletos de animales (“bichos”) marinos enormes o exóticos.
Luego de pasear un poquito más por Santos (como era Lunes, el acuario estaba cerrado, y no nos arriesgamos a ir al museo de la vida del Rey Pelé, que quedaba en Santos pero más lejos del puerto, por miedo a que estuviera cerrado también) nos tomamos el bus de vuelta para Sao Paulo. En la noche, aún estando cansados, caminamos por el centro de Sao Paulo, y comimos en un rico restaurante italiano (abundan, pues Sao Paulo tuvo una ola de inmigración italiana hace un tiempo).
Cuarto día – I don’t want to spoil the party
Con la experiencia ganada en los viajes de Metro, dedicamos la mañana a viajar con destino hacia “Caverna do Diabo”. Se supone, por lo que habíamos averiguado, que esta es una caverna natural en las afueras de Sao Paulo, pero lamentablemente llegar es demasiado difícil, o por lo menos pocos paulistas conocían a ciencia cierta cómo llegar allí. Así que lamentablemente, aún habiendo llegado hasta la última estación, estaba muy verde y complicado llegar a Caverna do Diabo por la falta de información y canales para lograr nuestro objetivo.
Sin embargo, para no perder el día, aprovechamos que estábamos en la estación del metro para viajar todo el trayecto de vuelta hasta el OTRO punto de este, donde teníamos conexión con otra atracción que Ch había averiguado: El zoológico de Sao Paulo.
Vaya si es grande el zoológico… caminamos por este T-O-D-O el día. E imaginen lo que es un zoológico allí: Todo verde, todo natural, todo árboles y plantas… fascinante. Una de las atracciones del zoológico en sí, que aprovechamos desde luego, fue el “Zoo Safari”. Se trata de un paseo de 50 minutos en una pequeña Combi, hacia un sector del zoológico en que los animales se encuentran sueltos! Muy divertido, con los monos, ciervos, pavos y avestruces corriendo alrededor de uno, acercándose a la ventanilla del carro, y teniendo a un par de metros al camello, al león, a la jirafa, a la cebra… mostro, mostro… sobre todo para quienes amamos a los animales, obviamente.
Una experiencia muy bonita en el zoológico, fue una parte que te hablaban sobre la importancia del agua, y la manera en que esta está escaseando, y la gran conciencia que los brasileiros están agarrando respecto a este problema. Me sorprendía que contando con tantas áreas verdes tengan esta conciencia tan arraigada, cuando nosotros estamos en medio del desierto y de la contaminación, y no tenemos el mínimo interés en abarcar estos temas…
La caminata por el zoológico y fatiga sumada había sido tal, que llegamos al hotel para quedarnos jato hasta el siguiente día. Ni siquiera comimos!
Quinto Día – Sun King
Algo que no mencioné fue una de las razones principales del viaje: El curso de la Ch. La Ch había propuesto ir a Sao Paulo pues pensaba inscribirse en un curso de Responsabilidad Social, y así lo hizo, obviamente. El curso empezaba este día, desde las 8.45am para durar todo el día; así que yo la acompañé y ya seguro de que se encontraba bien e instalada, partí para mi travesía sozinho (solo). Menos mal hicimos lo mejor del viaje los dos juntos, que son los días que he narrado anteriormente.
Luego de dejarla en su curso caminé hasta Teodoro Sampaio, para paseármela como dios manda, y eso hice. Estuve toda la mañana paseando por acá y aproveché de comprar mi camiseta de Sao Paulo. Además aproveché de hablar con una y otra persona para pulir un poco el nuevo idioma aprendido en 4 días. Luego de eso volví para el Shopping Eldorado también caminando, para aprovechar el internet por primera vez después de 5 días… en este país es dificilísimo conseguir internet! Por ello mientras consumía en un ciber-café, aproveché de contestar emails y hablar con uno que otro amigo que encontré conectado en MSN y Skype.
Luego de unas horas, salí de vuelta y tomé un bus hacia Av. Paulista. Paseando por esta enorme calle me fijaba y observaba a gente y curiosidades de la calle. Con algo de intuición, me dirigí a alguna “cara conocida” a la que pregunté de frente y en español a un tío “De qué país eres?” y en efecto, era peruano. Conversé un poco con él, era un ambulante, tenía 3 años en Brasil. Me sorprendí a mí mismo de que le haya sacado la nacionalidad tan rápido. Lo lamentable es que se tratara de un ambulante, pero en esa situación parecen encontrarse más de uno, peruanos, ecuatorianos, etc. Así que luego continué.
Después de un rato continué hacia el hotel para descansar y esperar a Ch, y ver juntos el partido de Perú-Chile, esperanzado en un mejor espectáculo… y empecé a escribir toda esta narración, obviamente, para que no se me escapen más detalles (aunque sé que de seguro tooooodo esto es más que suficiente!). Poco después, llegó Ch y me contó sobre la gente del curso y del curso en sí; bastante interesante. Por cierto, me dijo que uno de los salones donde tenían el curso, tenía la decoración de nuestros queridos Beatles

Por mi parte, le comenté de las cosas que había visto y hecho ese día, y mis planes para el día siguiente. Le conté de la señora ensalada que me comí en el café-internet, la alegría que me daba que el Pizza Hut sobreviviera solo, pues los brasileros erradicaron el KFC; o de lo feliz que me sentía de tener mi Traveling Wilburys Collection, ya que en Brasil costaba 100 dólares
Sexto día – The long and winding road
Habiendo adquirido un mapa en una de las estaciones de tren, despertamos ese día para tomar el Metro. Ch fue a su curso (eran como las 7 de la mañana) pero yo aproveché de despertarme a la misma hora y salir –cámara en mano- a recorrer los principales puntos turísticos de Sao Paulo, los cuales ya había identificado en el mapa. Me hice todo un recorrido, empezando por el Museo de Arte, que quedaba a unas 10 cuadras de la estación de metro. Había una interesante exposición muy moderna que tenía una parte dedicada a los autos, como a los brasileros tanto les gusta. Saliendo entré al “Parque Trianón”, que está al frente; ambos en la Av. Paulista. Lo que para ellos es un parque, para nosotros sería una reserva… es increíble el tamaño de ese lugar, ni nuestro querido “Olivar” tiene esa cantidad de verde, lamentablemente. Unos árboles gigantescos y un parque que incluso cruza por encima de algunas vías… un lujo. Curiosamente, en la calle había una “banda callejera”… Guitarra eléctrica, Batería, Amplificadores, Micros, etc… plop.
El siguiente punto era la “Casa das Rosas”, que esperaba fuera un tremendo Vivero… sin embargo era simplemente un pequeño jardín botánico a la entrada de un enorme edificio empresarial, pero que contenía todo tipo de rosas y flores simpáticas, muy bien mantenido. Tomé unas cuantas fotos y seguí mi camino. La mayoría de fotos que tengo de estos días, aparece mi tremenda caraza, pues las fotos me las tomaba yo mismo, jajaja

caminé e ingresé a otro museo donde había una interesante exposición “Sutil Violento”, que mostraba fotos de muchos latinoamericanos (incluida una peruana) bastante impactantes. Salí y caminé un poco más en busca del parque Ibirapuera… como no había apuro, a pesar que la gente me decía que estaba a más de diez cuadras de distancia, caminé las sinuosas calles de Sao Paulo… finalmente llegué. El parque era brutalmente gigante, más aún que el Trianón. Tenía 2 lagos, un obelisco, un monumento gigante y al medio del parque, un Planetario y 2 museos. Uno de ellos era el museo Afrobrasilero, que visité. Hacían una exposición de un caricaturista que hacía crítica política en los 50s, muy gracioso. El Planetario estaba cerrado. Por momentos llovió, por momentos hubo un sol brutal. La experiencia era rica por donde se vea. Seguí mi camino y a pesar que se iba haciendo tarde, me fui hacia Sé, el centro, donde estaba el barrio Chino, y la Catedral Sé, la más grande. De veras era imponente. Fui, tomé fotos y conocí a un boliviano que ya había ido varias veces a Sao Paulo por negocios. Conocí también el “Punto Cero”, que es el punto inicial del cual se cuentan todos los kilómetros a la redonda, que queda exactamente frente a la catedral. Seguí caminando un poco hacia el barrio chino, en busca de un museo que tenía anotado en el mapa, el museo de la inmigración japonesa (sí, en pleno barrio CHINO) pero tras no tener éxito con la búsqueda, preferí regresar al hotel a ver si llegaba antes que Ch. En el metro conocí a un brasilero que era bastante buena onda, y que me dijo que quería venir a Perú este año. Le di una tarjeta y le dije que si pasaba por acá, le invitaba algo peruano (un pisquito tal vez

). Nuevamente aprovechamos la noche para salir a pasear por las calles aledañas (no era una idea tan genial considerando que estábamos en el centro), hasta donde podíamos, y comiendo en la calle, contentos por lo chévere del viaje.
Séptimo día – Across the universe
Nuevamente desperté temprano para aprovechar todo el día terminando mi “self-made-tour”. Fui al metro con Ch y en la primera conexión la dejé ir a su curso mientras yo bajé en busca del estadio Pacambeu. No alcancé el Morumbí también por falta de accesos

sin embargo, bajando en el metro, aproveché de fotografiar el “Arte do metro”, una campaña que busca promover el arte libre de varios artistas plásticos brasileros, exponiéndolos/mezclándolos/decorando las columnas y paredes de las estaciones de metro. Excelente iniciativa. Saliendo de la estación había un interesante cementerio repleto de mausoleos, como el Ángel acá en Perú. Bajando por las rúas, llegué al imponente Morumbí, donde entré sin problemas. No había partidos, pero igual ingresé a las tribunas y tomé algunas fotos de las coloridas butacas (que por google earth se notan bastante). Por los altoparlantes del estadio pasaban buen rock de los 80s. Me quedé un rato en el estadio, bajo el sol y el relajo de la mañana paulista, con la camiseta crema bien puesta.
Mi segundo punto estaba relativamente cerca; era más que nada para sacarme el clavo: un planetario (el día anterior no había podido ir)… pero cuando llegué, un colegio (a decir verdad, tres colegios) habían reservado fecha para ver el planetario. Caballero nomás, tuve que “compartir” la experiencia con un centenar de niñitos brasileiros que coreaban las canciones que ahora, con un par de mesesitos de atraso, se oyen acá (Beauuuutiful giiiirl….

). El show era muy gracioso, dirigido por un “payaso estelar”

que explicaba un poco de cada planeta con música (como buen brasilero, cantaba paja). Saliendo del planetario, en el mismo local, se aprovechaba un museo de dinosaurios (obviamente ficticio, pero interesante), y un acuario (además de impactantes fotos de Greenpeace, la mayoría, de rescates de ballenas). Animales por todos lados.
Regresé a la estación y fui hacia el centro, a Ipiranga, a visitar el Edificio Italia. Este edificio tiene la particularidad de ser el más alto de Sao Paulo (eso es mucho decir), y tener una vista de 360°, panorámica, de todo Sao Paulo. Para mi mala suerte, el día estaba un poco nublado, pero igual subí. Los guardianes eran muy graciosos, me hicieron la conversa, pero notaron que no era brasilero por mi poca fluidez para contestar… inmediatamente me bromearon poniéndome de chapa “Bobi Dylan”

(graciositos los recun…!!!) finalmente subí hasta el piso 42, donde cobraban un platal para acceder a los balcones desde donde podías ver la ciudad. Sin embargo comenté a la encargada que no era brasilero, y que si podía hacer una excepción, ante la cual amablemente accedió. Vi toda la ciudad, desde luego, impresionante –además del vértigo- aunque no estuve mucho tiempo dado que había sido una gentileza, y que el día estaba nublado.
A un par de cuadras estaba el “predio” (edificio) Copan, con arquitectura en forma de S. Caminé un poco más por el centro, fui a Eldorado y luego nos encontramos nuevamente con Leonardo, quien había prometido que nos veríamos con él y su novia (para conocerla) cosa que hicimos, a la vez que disfrutamos de unas cervezas en plena avenida Paulista, conversando de política y realidades nacionales de Brasil y Perú

era, prácticamente, nuestro último día allí. La nostalgia ya se sentía.
Octavo día – Get Back!
Habiendo terminado el curso de Ch, y teniendo que ir hacia el aeropuerto Guarulhos a golpe de 5pm, nos levantamos desde temprano para aprovechar el día. Por sugerencia de una amiga del curso de Ch, fuimos al metro una vez más, pero para averiguar sobre un proyecto de fin de semana (era Sábado), llamado el “Turismetro”. Podías acceder al mismo tan sólo pagando 2 pasajes de metro, y con una visita guiada, te paseaban por varios puntos de Sao Paulo. A pesar que algunos de estos ya los había recorrido sólo, en mis días de aventura, no me importó volver a verlos, esta vez acompañado por Ch, y la guía turística que me explicara cosas interesantes que ignoraba. Fuimos nuevamente a la Catedral Sé, donde tomamos más fotos (incluso dentro), al punto cero, pero además a otros interesantes puntos históricos sobre todo del centro, como por ejemplo el “Patio do Colegio”, donde estuvo el primer edificio de todo Brasil, las iglesias más importantes de la zona, el reloj que dicta la hora puntual, el museo del Padre Anchieta (portugués), y un largo etc. Al momento del break, paramos en la antigua casa de la moneda, que ahora es una suerte de centro cultural, y casi me caigo de espaldas cuando vi un cartel que decía “Exposición en montage a partir del 10 de Noviembre – Yoko Ono: Una mirada Retrospectiva”… por dios, Ch me trataba de tranquilizar mientras yo me preguntaba “por qué soy tan piña… me voy de Sao Paulo a un mes de haber podido tener la oportunidad de conocer a Yoko Ono”. En fin, ni que fuera Paul

(es solo un consuelo

)
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Como quiera que sea, habíamos quedado en despedirnos de nuestros amigos, así que fuimos a almorzar con Fabio, comprar algunos suvenires, y luego encontrarnos con Leo en una feria que se da todos los sábados cerca a Teodoro Sampaio. Finalmente los logramos presentar, jaja. Nos quedamos con Leo en la feria (donde había desde venta de antigüedades y vinilos hasta exhibición de Capoeira) y Leo me regaló unos lentes redondos, evocando a Lennon. Finalmente se acercó la hora de irnos al aeropuerto, despedida por demás emotiva ante un tipo tan bueno.
Fuimos al hotel Concorde, hicimos el check-out, y tomamos un taxi (ya curtidos, lo sacamos por la mitad de lo que nos había costado la primera vez, jaja) y fuimos a Guarulhos con cierta pena por dejar una ciudad tan linda como impresionante, tomando fotos hasta el último momento, sorprendiéndonos de todo lo que “el New York latino” tenía para mostrar. PAIS LEGAL!!!